Félix Rizo: El pequeño gran campeón

felix-rizoEl balón se desplaza sobre la cancha. Va y viene, viene y va,  no para de rodar  en todas las direcciones entre las piernas  de los jugadores que se  mueven con rapidez en busca de anotar un tanto para su equipo.

 Uno de los jugadores logra el dominio del balón y avanza raudo hacia la portería del equipo contrincante, ya cerca de ahí, da con precisión un puntapié al esférico  que de inmediato vuela en dirección de la portería.  Sin embargo el balón no puede penetrar porque su trayectoria es bruscamente interrumpida con mucha habilidad por el portero, lo que es celebrado de inmediato por sus compañeros de equipo.  El portero evitó una vez más que los contrincantes anotaran un gol.

La escena descrita anteriormente no es un duelo entre dos grandes equipos, ni se desarrolla en un estadio abarrotado de fanáticos, nada por el estilo.  Es un grupo de estudiantes que aprovechan el recreo para jugar fútbol en una cancha improvisada en la Escuela Cristiana Esmirna, en el municipio de El Sauce en el Departamento de León.

El portero es Félix Rizo de 17 años, quien ataja los intentos de meter gol desde su silla de ruedas, para lo que ha adquirido una habilidad impresionante.

Félix tiene una una malformación congénita  conocida como espina bífida, que le afecta su columna vertebral lo que no le permite desplazarse de otra manera que no sea en su silla de ruedas, pues tiene paralizadas sus piernas además padece con mucha frecuencia de afectaciones al sistema digestivo y las vías urinarias. Producto de la misma condición clínica, también padece de una disfunción cardíaca.  Sin embargo nada de eso ha sido obstáculo para que Félix practique deportes. Cuando juega futbol, es el portero, cuando de béisbol se trata, él es el pitcher de su equipo. En ocasiones se convierte en espectador; pues su papá lo lleva al estadio municipal a ver los partidos de pelota.

Félix tiene lo que a muchas personas le hace falta, actitud.
Félix tiene lo que a muchas personas le hace falta, actitud.

Pero también hay otras actividades que Félix disfruta hacer, como ir de pesca al rio con su papá o salir de paseo con sus hermanos, primos y amigos.

Félix, pese a sus discapacidad y a las recaídas frecuentes que lo postran por semanas, lleva una vida social muy activa y gratificante, hasta se ha trazado su plan de vida; entre sus aspiraciones destaca que quiere ser maestro, además sueña con estudiar ingeniería en sistemas, y si por alguna razón no logra alcanzar esas metas, pues también hay “Plan B”: quiere aprender a reparar celulares y poner su tallercito para tener su propia fuente de ingresos.

El éxito está en ir a la escuela

Nada de lo que se ha mencionado sobre la actitud positiva de Félix frente a la vida, fuera posible si su mamá se hubiera aferrado a la idea que tuvo fija por algún tiempo en su cabeza, una idea impulsada por los temores que la invadían,  ella había decidido que Félix no iría a la escuela.

“Yo había decidido no mandarlo a la escuela,  no quería mandarlo porque pensaba que los otros niños lo discriminarían, se burlarían de él, y que las profesoras no lo aceptarían” cuenta doña Miriam.

Actualmente ella reconoce que aun con todos sus temores, al final tomó la decisión correcta. Ahora no duda que la escuela ha hecho de su hijo lo que hoy es.  Félix además de aprender a leer, escribir y adquirir otros conocimientos, ha desarrollado habilidades que le permiten un buen nivel de autonomía, tener una autoestima muy alta, aceptarse a sí mismo y relacionarse muy bien con sus amistades.  “El se va solo hasta la escuela todos los días” dice orgullosa su mamá.

Venciendo los temores

Doña Miriam Hernández refiere que cuando se es madre de un niño como Félix, y no se tiene la información adecuada de cómo enfrentar esta situación, aflora la incertidumbre, la impotencia y un montón de sentimientos encontrados.  “Uno se siente que no haya que hacer, como si tuviera las manos atadas. Fue muy duro al inicio” rememora.

Fue cuando se acercó a buscar ayuda al capítulo de Los Pipitos, que empezó a tener una visión diferente sobre la discapacidad de su hijo. “La vida sigue”, “se pueden lograr muchas metas”, “la discapacidad no es una barrera”, fueron entre otras, las frases que le iban dando forma a la nueva perspectiva de ver el mundo.

Las charlas, terapias, capacitaciones y otras actividades en las que se involucró con su hijo en Los Pipitos, fueron determinantes para comprender mejor la discapacidad, aprender a que su condición no era motivo para excluirlo de la vida social, conocer sus derechos, asimilar y aprender a convivir con todas las dificultades, ahí aprendieron, ella, Félix y demás miembros de la familia a convertir las debilidades en fortalezas.

“Cuando comencé a ir a Los Pipitos, él tenía  5 años, ahí me dieron animo, me dieron valor, me convencieron para que yo lo mandara a la escuela. Pero si no fuera por eso, quizás el no estaría en el nivel que hoy está” reconoce doña Miriam.

Cuestión de actitud

Si bien existen las barreras arquitectónicas que dificultan su movilización, Félix no ubica eso entre sus mayores dificultades, porque para eso existen las mañas, como él mismo le llama a las habilidades que ha adquirido para hacer que su silla de ruedas se acomode a las condiciones de los espacios por los que se mueve así tenga que hacer acrobacias. Sube aceras y hasta gradas. Y no escatima esfuerzos para hacer una demostración de sus habilidades con su silla, camina hacia atrás, se inclina, equilibra la silla en una rueda, y si la cosa está bastante complicada, pues para eso están los amigos. “Nunca hay que darse por vencido” afirma.

Un verdadero gladiador

Actualmente Félix tiene 17 años y cursa el tercer año de secundaria, hasta la fecha ha sido sometido a siete cirugías.   Ha perdido dos años por las recaídas en su salud, pero sigue adelante, su actitud positiva ante las adversidades le ha hecho ganarse el cariño y respeto de sus maestras y compañeros de clases.  “Las profesoras lo quieren, son muy cariñosas con él, cuando él se enferma ellas vienen a visitarlo y le dan ánimos, también vienen a visitarlo todos sus compañeros” cuenta doña Miriam.

“Mi mayor dificultad es cuando me enfermo” indica Félix. Y es que cuando su salud se quebranta, el sufrimiento es inmenso, la enfermedad lo obliga abandonar la escuela mientras convalece. En el 2014 tuvo una recaída severa en su salud lo que lo obligó a pasar tres meses internado en un hospital de Managua.

Es ahí cuando a Félix se le juntan el dolor emocional con el dolor físico.   “Mientras se pueda yo no faltó ni un día a clases, pero cuando me enfermo no puedo ir y eso es muy triste” dice.   Su mamá relata que cuando recae, el dolor intenso por la infección renal no lo deja dormir. “no puede estar sentado mucho tiempo, le agarra un dolor muy fuerte, no puede dormir, la ultima vez no podía hablar ni comer” narra la afligida madre, a la vez que dice que pese a eso “cuando sus amistades lo visitan y le preguntan como está, él dice que bien, nunca dice que está mal”.

La actitud de Félix desde cualquier punto de vista es por demás admirable.  Tiene la madera de todo un campeón. No se amilana, ríe constantemente, es valiente.  Se levanta de sus recaída, es un todo un Caupolicán frente a sus dolencias. Isamar su hermana, un año mayor que él lo describe así en tres palabras: “Valiente, alegre y bromista”.

Don Félix, su papá es de pocas palabras, pero describe  a su hijo como un chavalo fuerte, luchador, admirable. Ante la insistencia de las pregunta se anima a contar un par de anécdotas sobre los momentos que comparte con su hijo, los que reconoce que son muy pocos debido a que tiene que salir a trabajar para suplir las necesidades básicas en la casa.

“A él le gusta ir al rio, lo llevo cuando voy a pescar, yo voy adelante pescando con la atarraya y el va detrás de mi recogiendo los pescados” cuenta.  surge una pregunta ingenua pero obligada: ¿pero cómo hace, hay algún caminito a la orilla del rio en el que él se desplaza con su silla de ruedas? La respuesta del padre no se hace esperar: “No hombre, yo a él me lo hecho atuto desde aquí hasta el rio, después lo hecho al agua y el va nadando detrás de mí”. Félix asiente mientras ríe, esta es sin dudas una de sus actividades favoritas de recreación.

Don Félix también juega beisbol y cuenta que lo lleva al Estadio Municipal a ver los partidos. Félix interrumpe a su padre “es muy divertido, sobre todo cuando el equipo de mi papa pierde me rio mucho, porque yo siempre apuesto al equipo contrario de mi papa” relata Félix, provocando la risa de todos.

Félix además ha participado en competencias deportivas intermunicipales organizadas por Los Pipitos, viajó a Malpaisillo y Quezalguaque. En Malpaisillo ganó el segundo lugar en carrera de sillas de ruedas.

Los padres de Félix están convencidos que la escuela ha sido determinante en la vida de su hijo y están decididos, en medio de sus limitaciones económicas, a apoyarlo hasta al final.  También está comprobado que la escuela tampoco puede soportar mucho tiempo su ausencia.  Si él no llega un par de días, toda la clase, compañeros y maestras, vienen a su casa a ver porque no ha llegado.

“Tenemos que seguir luchando para poder ir adelante mientras podamos” concluye doña Miriam sin titubear, sus palabras suenan revestidas de  firmeza y optimismo. Félix, desde su silla de ruedas, con una sonrisa que transmite serenidad, dirige una mirada cómplice a su madre. Don Félix e Isamar, su padre y su hermana, no pueden ocultar el orgullo que les hace sentir el pequeño gran campeón.

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