Vuelta a la realidad


Considerado el evento deportivo más grande del planeta, el Mundial de Fútbol de la FIFA sin duda alteró el ritmo normal de vida de muchas personas, sirvió como válvula de escape para poner en segundo plano los problemas de la vida cotidiana.

caticatura fifa brasilCada partido del mundial tuvo efectos terapéuticos para muchos que estaban sumidos en el estrés, aunque también sin duda, tuvo repercusiones en quienes se apasionaron demasiado al punto de cruzar la delgada línea entre ser un seguidor casual y ponderado, a ser un apasionado fanático capaz de cualquier cosa por su equipo, y digo esto porque todas las condiciones estaban dadas para que se desarrollara esa mutación entre los más vulnerables a sucumbir a las pasiones.

El mundial de fútbol tuvo también efectos narcotizantes, esto producto de la parafernalia  mediática desplegada, publicidad incluida, que literalmente nos metió el futbol hasta en la sopa, lo que al final terminó convirtiendo a este evento cuatrienio, más en un fenómeno mediático que deportivo, y por tanto altamente lucrativo.

El fútbol sacudió fuertemente las emociones, yendo desde la euforia hasta la frustración. Con seguridad hubo gente a punto, literalmente, de infartarse. Era común ver  expresiones de exaltación colectiva en diversos escenarios donde se congregaban grupos frente a una pantalla.

El común de las personas se alineó y se alienó, muchos tomaron partido con equipos, y para enaltecer más el sentido de pertenencia, se compraron camisetas, banderitas, gorras, o cualquier otro artículo de los que abundaron en el mercado producto del mismo fenómeno.

El mundial de fútbol, mientras duró, se impuso cada día en la agenda mediática por sobre cualquier otro acontecimiento que se generara, por más relevante que fuera, quedaba relegado a segundo plano. Incluso efectos colaterales relevantes productos del mismo fenómeno quedaban minimizados.

Aquí es donde se explica que más que un deporte que une, como utópicamente suele pensarse, el mundial de futbol es un fenómeno mediático dominado por grupos de poder, por medio del cual unos cuantos con mucho poder económico anonadan a multitudes.

El comediante norteamericano John Oliver, en referencia a la organización del mundial y a la FIFA al frente de la misma, en su programa de parodia Last week tonight, dijo que a veces, paro no decepcionarnos y que las cosas no pierdan el encanto, es mejor no saber todo lo que hay detrás de algo que tanto nos gusta, e ilustró su argumento con lo que llamó el principio de la salchicha (en alusión a los que aman las salchichas), cuya lógica, en un sentido muy humorista pero real sustentó en la siguiente frase: “si amas algo nunca averigües como lo hacen”.

Y no es para menos. A continuación algunos datos que por lo general pasan desapercibidos ante la mayoría de las personas.  A inicios de junio, Niclas Ericson, director de la división  de televisión de la FIFA, en una entrevista concedida a la agencia Reuters, afirmó que este mundial marcaría un record de audiencia televisiva gracias a la inclusión de nuevas tecnologías.  Destacó que por primera vez en la historia de los mundiales la FIFA tiene un contrato en vigor con cada país.

Aunque no hizo estimaciones en términos numéricos, no es difícil imaginar las dimensiones de sus predicciones, tomando en cuenta que un estudio de la misma FIFA tras la finalización del mundial del 2010 en Sudáfrica, reveló que más de 3,200 millones de personas, casi el 47 por ciento de la población mundial,  miraron en directo la cobertura durante un mínimo de un minuto. Lo más seguro es que estas cifras hayan sido superadas significativamente durante esta copa.

Imaginemos ahora las exorbitantes ganancias de la FIFA solo por los derechos de trasmisión en todo el mundo, tomando en cuenta que hasta a Haití, el país más pobre del continente, la FIFA cobró 4 millones de dólares por las trasmisiones, actitud que Maradona calificó de paradójica en una crítica hecha a la organización dueña del mundial en su espacio televisivo en la cadena Telesur.

Ahora bien,  según el diario ABC de España, sólo en impuestos que no pagó al Estado de Brasil, la FIFA se ahorró 332 millones de euros. Imaginemos también los millones generados solo en entradas a los estadios.

Según expertos en analizar estos fenómenos masivos, citados por diferentes cadenas internacionales, el recién concluido mundial, fue el más lucrativo de la historia de las copas.  Pero el lucro también beneficio a terceros, uno de los últimos ejemplos:  muchos argentinos que llegaron a Brasil en víspera de la final, ofrecían hasta 10 mil dólares por una entrada.

No hay duda que el fútbol ha evolucionado hasta convertirse en la práctica deportiva más popular del mundo, se juega en todos los rincones del planeta, y esto se debe a que es un deporte para cuya práctica solo se requiere de una pelota, dicho sea de paso, considerada por muchos el mejor juguete del mundo.    Ahí quizá está parte del secreto del éxito del fútbol un deporte que facilita la manipulación de las masas hasta en los rincones con mayor pauperismo en el mundo, la fiebre contagia hasta a los más pequeños, en cada callejón, barrio, asentamiento, se puede ver a grupos de niños descalzos pateando una pelota.

No es por casualidad que nos alienamos, es en respuesta a toda una lógica de mercado bien estructurada, respondemos a efectos, a estímulos, donde la FIFA, las grandes marcas y los medios de comunicación solo deben preocuparse por el dinero, lo demás lo hacen los jugadores en la cancha y las multitudes como espectadores frente a las pantallas, y aunque suene fuerte, esto no es más que manipulación.

Pero sea como sea, no deja de tener su lado positivo, y aunque esto tenga un costo, con seguridad este evento logró deleitar, como en la mayoría de países alrededor del mundo, a millones de nicaragüense, que aunque no tenemos participación entre los competidores, tomamos partido y disfrutamos del mundial.

Ahora nos queda volver a la realidad, porque el fútbol no es nuestra realidad,  no tuvimos equipo que nos representara como país, simplemente nos alineamos a lo predominante, no por convicción, mucho menos por pasión, simplemente porque respondemos al efecto que provoca un fenómeno tan mediatizado sobre las masas, de la misma manera que respondemos a la publicidad, a las modas, a las necesidades inventadas para crecer como consumidores.

Si bien lo disfrutamos, también es bueno reflexionar sobre todo lo que hay detrás de este fenómeno de repercusión global.  Y… ¡bravo por Alemania!

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Avioncitos de papel

avionpapel

Era momento de jugar un rato con mi hijo Samuel de 5 años.  Decidimos salir a la acera. Tomó 5 de sus juguetes: una locomotora de colores un tanto destartalada, una pequeña carretilla de plástico, un camioncito con contenedor, un carrito de madera de los que fabrican los artesanos de Masaya y una tortuga con ruedas; esta última no muy atractiva; cabezona y con una expresión de atontada. Con todos los juguetes encima y con mucho entusiasmo me dijo: ¡vamos pues!. ¿Y para que llevás tantos juguetes? Le pregunté. A lo que respondió: Es que cuando yo salgo a jugar a la acera, vienen mis amigos de las otras casas a jugar conmigo.

Y así fue.  A los pocos minutos apareció Ernesto, el niño de al lado. Después se unió Snyder, el otro vecinito cercano.  No pasaron cinco minutos y llegó uno de los gemelos que viven como a la media cuadra.  En la medida que sus amiguitos llegaban él iba asignando un juguete a cada uno, el optó por el camioncito de madera de Masaya.  Al final solo quedó la tortuga con ruedas.

Cuando llegó el segundo gemelo, Samuel le dio la tortuga y él la rechazó: ¡nooo, yo quiero el camión que tiene Ernesto, esa tortuga no me gusta!.   Tenés que jugar con la tortuga porque llegaste ultimo, esas son las reglas del juego, porque todo juego tiene reglas, le dijo, y para reafirmar su argumento se dirigió a mí preguntando: ¿Verdad que así es papa?  Respondí positivamente, pues el asunto tenía mucha lógica.

Pero el último niño insistió que quería el camión de Ernesto.  A lo que Samuel respondió de una manera que fue una sorpresa para Ernesto:   ¡Prestale tu camión  Ernesto!  La reacción de enojo de Ernesto fue inmediata: No se vale, yo vine primero, a  mí me lo prestaste primero y  quiero seguir jugando con el camión.  A mí no me gusta esa tortuga!, replicó.  El gemelo empezó a halar el camión queriéndoselo quitar mientras le decía: Dámelo, Samuel es el dueño y él dice que me lo des!  Ernesto se aferraba al camión. Viendo la escena me dije: ¡ya se armó la de San Quintín!  Antes de intervenir, decidí observar pasivo un poco más.

Samuel insistió: Dáselo Ernesto, te voy a prestar otra cosa! Y entró a la casa corriendo.  Ernesto no parecía dispuesto a renunciar al camión.  Samuel regresó en medio minuto con su avión, un Airbus blanco de unos 35 centímetros de largo, un avión que tenía luces, sonidos y tren de aterrizaje.  Al ver Ernesto el avión, inmediatamente cedió el camión al gemelo, quien a la vez dijo a Ernesto: ¡Quedate con el camión yo juego con el avión! Ahí si intervine como mediador y el avión le quedó a Ernesto.

Pero ahora surgía otro problema, todos querían el avión.  Samuel dijo: no tengo más aviones. Y otro de los niños propuso: jugamos un ratito cada uno con ese mismo, después de Ernesto voy yo, y después este, después este otro, decía señalando a cada uno de los miembros del grupo.  Samuel no muy convencido con la idea, frunciendo el ceño, rascándose la cabeza y haciendo otros gestos cómicos que solo él sabe hacer, dirige su mirada hacia mí, como preguntando:  Y ahora ¿qué hacemos?,  pero de inmediato reacciona y dice: ¡Ya tengo la solución!. Espérenme aquí, ya vengo!  y corrió de nuevo hacia dentro de la casa.  ¿Qué irá traer me pregunté?. Pensé en otro juguete. Pero no fue así.  Regresó con varias hojas de papel blanco y se dirigió a mí: ¡Papa, hacé avioncitos para todos! -Ok -respondí, ya los hago, a la vez que pensé “esto no va a funcionar”.

Una vez hechos los avioncitos de papel, los repartió entre sus amigos y los hizo pararse a todos en fila uno al lado de otro, y anunció con su característico entusiasmo: !Vamos hacer competencias de aviones de papel, el avión que vuele más largo gana!. Levanten su brazo y yo cuento hasta tres y lo tiran. Todos se sincronizaron.

A la cuenta de tres los avioncitos volaron. Todos de manera distinta, unos más largo que otros, uno quedó entre las ramas de uno de los árboles de laurel de la india que está en la acera.  Otro, haciendo círculos en el aire regresó como boomerang a los pies de quien lo lanzó.  Estallaron las carcajadas, reclamos alegres con frases como; ¡ganó el mío…!,   ¡No el mío llegó más largo!… Se reían del que quedó enganchado en el árbol. Se armó una algarabía.  Los aviones de papel se convirtieron, en cuestión de minutos, en el juguete preferido.  Todos se olvidaron del Airbus 380 con luces y sonidos y de los demás juguetes. La tortuga cabezona yacía en la acera junto a los otros juguetes.  Parecía observar resignada el juego de los niños.

El juego con los avioncitos de papel se extendió por largo rato más… ¡Hasta que nos aburrimos!