La parca y su afición por las motos

parca en motoFernando se puso su chaqueta de jeans, tomó su casco y lo metió en su brazo izquierdo hasta la altura del codo, no lo puso en su cabeza como debía, porque acababa de fijar su cabello con gel y no quería dañar su peinado.  Subió a su motocicleta, encendió el motor y se puso en marcha.

Era una mañana más, de lo que parecía un día normal. Lo que Fernando no supo es que cuando él subió a su moto, la parca, sin su consentimiento, pero muy complacida,  también subió detrás de él y se aferró a su cintura.  Sonriente y soñolienta, apoyó su cabeza en el hombro de Fernando, restregando su huesuda cara sobre el omóplato derecho de Fernando, de la misma forma que un gato acaricia los pies de su amo.

Antes de subir a la moto de Fernando, la parca había bajado de otras tantas que circulaban por los diferentes puntos cardinales. Lo ha hecho así durante los últimos años, y lo sigue haciendo, cada vez con más frecuencia.

En el camino, mientras Fernando aceleraba, la parca le acariciaba la cabeza y la espalda, como excitada por el deseo de hacerlo suyo. Fernando siempre creyó que era el viento quien le acariciaba.

Recorrió así unos quince kilómetros sobre la carretera panamericana sur, rumbo a El Crucero.  Al llegar a un determinado punto antes de entrar en las curvas, Fernando divisó a unos 400 metros una patrulla de la Policía de Tránsito, por lo que como pudo, antes de ser visto por los oficiales que ahí se encontraban, desaceleró un poco y quitó el casco de su brazo y lo puso tan rápido como  pudo en su cabeza, para evitar una multa, pues con la nueva Ley de Tránsito y con lo mal que anda la situación económica, no podía exponerse a una multa que resultaría exorbitante para sus escuálidos bolsillos. Tampoco estaba dispuesto a dar una mordida más, como generalmente solía librarse de las multas.

Sin embargo la parca enfureció y tomó como un insulto la actitud de Fernando de ponerse el casco en la cabeza, yendo ella ahí con él, se sintió humillada. Entonces, molesta, decidió bajar de la moto en marcha y de un salto, en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en el asiento de copiloto de un vehículo sedán azul que circulaba en sentido contrario, en una curva cinco kilómetros adelante, cuyo conductor conducía de forma temeraria sin usar su cinturón de seguridad. Ahí la parca se sintió a gusto y olvidó por un instante su viaje en moto con Fernando.

Fernando logró pasar el reten policial sin ningún problema. Pero unos minutos más adelante, un sedan azul, de forma repentina invadió su carril y gracias a sus buenos reflejos, logró esquivar por pocos centímetros el impacto de frente con el vehículo, pero la acción lo sacó de la carretera, haciéndolo perder el control del vehículo biciclo y estrellándose contra un muro golpeando su cabeza, sin embargo el casco lo protegió de un traumatismo craneoencefálico severo, como suelen decir a diario los periodistas de los noticieros de nota roja, repitiendo el diagnostico más común que sale de la boca de los paramédicos de los bomberos y la Cruz Roja cuando llegan al lugar de los desechos.

Pero volviendo, al punto en el que estábamos, el sedan azul, que no logró envestir a Fernando, se fue a estrellar contra un camión que venía de frente.  El conductor quedó ahí, prensado entre la chatarra retorcida, la parca, sin embargo bajó del carro sin ninguna dificultad, y con un aire de satisfacción, desde esa oquedad oscura y profunda que se suponían eran sus ojos, parecía observar lo que quedó del sedan y, con un crujir seco y lento de sus vertebras cervicales dirigió la mirada unos metros adelante, donde estaba Fernando, aun aturdido pero sin nada de gravedad, más que algunas escoriaciones y quemaduras leves por fricción en sus brazos.

Luego de eso, la parca  se esfumó en busca de otro motorizado en alguna carretera del cualquiera de los puntos cardinales.

Fernando creyó, por un instante haber visto algo con forma humana que llevaba una vestimenta negra y raída, lo vio esfumarse ante sus ojos, tornándose trasparente hasta desaparecer en milésimas de segundos, lo mismo que duró una sensación de frío que recorrió su cuerpo.  Por un momento se desconcertó, pero luego  decidió no prestarle atención a aquella alucinación, pues la atribuyó a su golpe en la cabeza.

Fernando nunca supo que la parca viajó con él desde su casa hasta donde estaba el reten policial, irónicamente agradeció precisamente al hecho de haber encontrado en el camino a los oficiales de tránsito, agradeció al miedo a una de esas multas que impone como penalidad,  la nueva Ley de Transito, pues fueron los factores que lo obligaron a ponerse el casco minutos antes del accidente.

No hizo esfuerzos por analizar más allá la situación, ni llegar a la conclusión de la importancia de llevar el casco en la cabeza y no en uno de sus brazos. Por lo que es probable que nuevamente lo haga, y eso lo sabe la parca, quien seguro volverá a intentar acompañarlo un día  hasta su último destino, un día que vuelva a poner el casco en su brazo para no despeinarse y la carretera no haya ninguna patrulla policial.

La parca y la TV

La parca ese día logró varias hazañas más, y en algún momento de la noche se tomó un breve descanso durante el cual se sentó, tomó el control del televisor y sintonizó las ediciones estelares de Acción 10 y crónica TN8, donde precisamente los reporteros y reporteras daban cuenta con lujo de detalles de sus hazañas y del aumento de su incidencia acompañando a motorizados y conductores en las calles de Nicaragua. En la pantalla aparecían imágenes llenas de primerísimos planos y zoom in, que hasta a la misma parca le parecían fuera de tono, pero aun así le complacía verlas.

Aunque ninguno de los demás espectadores, simples mortales que miraban la televisión “desde la comodidad de su casa”, como dicen las presentadoras; la podía ver, ella siempre se miraba en la tele, ahí estaba, posando para las cámaras al lado de las motos tiradas y hechas pedazos en el pavimento, al lado de los carros convertidos en chatarras, y todo lo demás que las cámaras captaban. Le encanta verse en la tele y le gusta como hacen las noticias esos reporteros.

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