El roble de El Coyol

A la memoria de Don Jose Antonio Serrato (QEPD)

¿Amigo, cuando regresa? Tal vez cuando vuelva ya no me encuentra!  Fueron las palabras de Don Toño la última vez que le vi en su casa ubicada en la comunidad el Coyol, en el municipio de Tola. Y así fue, sus palabras fueron la premonición de su partida de este mundo.  Don Toño ya no alcanzó a colgar en la pared el calendario del 2014, pero tuvo a lo largo de su vida el mérito de deshojar 102 almanaques.  Murió el 28 de diciembre del 2013, el 10 de enero cumpliría 103 años de edad.

A su siglo y casi un tercio de década más, este roble centenario caminaba  diario alrededor de tres kilómetros, fumaba y todavía se echaba sus buenos tragos de aguardiente, conversaba con la lucidez de un impúber y sus recuerdos más remotos lo trasladaban con una claridad envidiable hasta su infancia. Siempre estaba preguntando por los amigos y los familiares que estaban lejos, no desaprovechaba oportunidad para preguntar por fulanito o la zutanita cuando se topaba con un conocido; hablaba de  política,  de la situación económica del país, del invierno y las cosechas, de aquellos tiempos en que con un “chelín” compraba tantas cosas, en fin de todo.

Alegre, dicharachero, bromista; gozaba de un sentido del humor envidiable, pero también aconsejaba a sus nietos y bisnietos con  mucha sabiduría. Le gustaba el mar, lo invité en varias ocasiones y no esperaba que le dijera dos veces, tomaba su sombrero y sus chinelas y subía sonriente al carro rumbo a Brito o a Playa Gigante.

Cuantas cosas ocurrieron en el mundo a lo largo de los 102 años que anduvo atuto Don Toño, solo para citar algunos acontecimientos relevantes que registra la historia en este lapso de tiempo,  se dio el hundimiento del Titanic, la Primera y Segunda Guerra Mundial, el primer viaje del hombre a la luna, el magnicidio contra John F. Kennedy, la guerra fría, entre otros grandes acontecimientos, que dieron cuenta de dictaduras, terremotos, grandes descubrimientos para bien y para mal de la humanidad.

Fue testigo de muchos de estos momentos, recuerdo que en mis platicas con él, yo ponía a prueba su memoria, su capacidad de recordar, y si bien fue una persona que vivió en la ruralidad, a sus oídos llegaban las noticias principalmente a través de la radio de lo que estaba ocurriendo en el mundo.

En la vela, dos de sus bisnietos me preguntaron que si quería colaborar para que su entierro fuera acompañado por mariachis, la idea me desconcertó por un instante, pero de inmediato recordé su  personalidad, su espíritu alborozado y pensé, creo que él hubiera querido que así fuera.  Hicimos la colecta y a la mañana siguiente los mariachis acompañaron el féretro hasta su última morada.

No he conocido a alguien igual. Si en realidad existen esos lugares donde uno va después de muerto, seguro él está ahora en el mejor de ellos.

El día que murió ese viejito querido por todos, Danilo el pulpero comentó apesarado: “se nos fue el roble de El Coyol”.

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